/* Pedirle a Googlebot y otros que me dejen de indexar, para que no me penalicen en Google PageRank */ Código Abierto: Auge, caída, y auge de Apple Computer

lunes, 8 de noviembre de 2010

Auge, caída, y auge de Apple Computer

Soy usuario de los computadores Mac de Apple desde la primera vez que pude comprar uno, en 1993. Estaba en la universidad y la tienda de computadores del campus tenía descuentos permanentes en los equipos de la marca de la manzana. Era una de tantas estrategias desesperadas de la compañía para posicionar sus productos en el nicho universitario —o en cualquier nicho, ya que las cosas en Apple no andaban bien desde hacía años—.

En esa época, en que los PCs invadían al mundo bajo la forma de intercambiables cajas grises, tan similares las unas a las otras que terminaron siendo conocidas como “clones”, ser usuario de Apple era una especie de rebeldía, un desafío al statu quo. El culto a la manzana consistía en poner la sencillez y la elegancia por encima del mero desempeño, cosa que se rascaban la cabeza tratando de entender del lado de los PCs, en donde se valoraba la velocidad y el rendimiento. Los PCs, además, eran democráticos y baratos; las Macs aristocráticas y excluyentes. Los PCs se construían alrededor del pragmatismo y la versatilidad; las Macs anteponían la estética a la función. Esas filosofías opuestas hacían que las Macs, a pesar de ser menos poderosas, fueran más fáciles de usar. Umberto Eco analizó el asunto y concluyó que la Mac era católica y la PC protestante: de un lado, la verdad revelada, un solo camino hacia la salvación; del otro, la ardua libertad, el esfuerzo de tener que reinterpretar la doctrina cada vez, la posibilidad de que la impresora no funcionara.

Como a toda aristocracia, a la de la Mac le llegó su decadencia. A sus máquinas les sobraban los problemas técnicos y eran más lentas y menos compatibles que las de la competencia. Su participación en el mercado cayó por debajo del 3%. Eso parecía animar más a los seguidores del culto, que se veían a si mismos como los eternos incomprendidos que Apple usaba en su publicidad —Dylan, Lennon, King, Gandhi, Picasso—, pero cosa muy distinta pensaban los accionistas de la empresa, que llegaba al final del milenio al borde de la bancarrota.

Fue entonces que el ex-director exiliado, Steve Jobs, fue llamado a que salvara la empresa que él mismo había fundado. Y logró el milagro. En diez años la Mac volvió a ser el computador de referencia, el iPod se convirtió en el símbolo de la música digital, el iPhone transformó la telefonía, y el iPad se constituyó en la primera amenza a la imprenta desde que Gutenberg la perfeccionara. En mayo de este año la compañía superó en capitalización de mercado a su archienemigo Microsoft, dirimiéndose así una rivalidad de tres décadas entre Bill Gates, el gafufo acartonado de Harvard, y Jobs, el hippie budista de California.

Cuando el desadaptado del curso se convierte en el preferido de la profesora, ha perdido cualquier capacidad de inquietar al salón. Esta semana Bank of America y Citibank, dos baluartes del mundo corporativo norteamericano, anunciaron su intención de repartir iPhones entre sus empleados. Cuando tu producto cae en manos de un encorbatado ejecutivo del Citi, ha perdido cualquier tipo de pedigrí contracultural. Por eso ahora el gran desafío para Apple será el de mantener viva la llama de su talante independiente en medio del vendaval de su éxito. De lo contrario quedará convertida en la manzana que el niño obediente coloca todas las mañanas sobre el escritorio de la profesora.

Una versión de esta columna apareció publicada en El Heraldo de Barranquilla el 8 de noviembre de 2010.

3 comentarios:

  1. Cierto es. El éxito de Apple, además, es una navaja de doble filo. Dos profesores de Marketing de mi maestría discutían recientemente sobre eso. Ellos piensan que el éxito de Apple demanda tanto en este momento que cuando llegue el momento en el que Steve Jobs y Jonathan Ive lancen un producto que no cause tanto furor, todo se viene abajo como bola de nieve.
    Estos tipos que te digo son profesores de una escuela de negocios Alemana que se llama WHU, y cuando nos dan clases a nosotros (que somos un montón de abogados con poca o nula capacidad futurológica en estos temas) se ponen a hacer vaticinios pesimistas sobre el futuro de compañías como Apple y Facebook.
    El de Facebook se los creo bastante, porque presentan un montón de ejemplos de compañías parecidas que no son ni la sombra de lo que fueron antes. Pero aún así me cuesta trabajo ver lo que Apple representa como un simple "trend" pasajero.

    Ahí veremos.

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  2. Yo también creo que el éxito de Facebook puede ser pasajero. Nadie cree que FB pueda llegar a perder su hegemonía entre las redes sociales, pero como tú dices, existen muchas que han desaparecido y que tenían en común dos cosas: un modelo de negocios aún no probado, y que (a pesar de lo anterior) en su momento nadie pensaba que podían fracasar.

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  3. Sin duda Apple por fin pudo llegar a las masas. Pero sigue pareciéndose a lo que era. El Iphone no puede con el poderoso Android.
    Ipad sigue siendo su producto estrella ¿pero por cuanto?
    ¿Ser diferente es siempre bueno?
    Lo cierto es que es incierto el futuro de Apple, pero al menos ahora tiene un nicho mas grande de usuarios que en ese entonces. Es difícil que se repita su historia. Sin embargo si no aprende de sus errores todo puede pasar.

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